El arquero y las nubes

 

 

¡Los días pasan tan deprisa!

Ellos nos hacen comprender qu√© fugaces son los a√Īos que dejamos atr√°s.

Los amigos gozan juntos de los capullos de cerezo en las ma√Īanas primaverales; mas luego se marchan, como los capullos, arrastrados por los vientos de la impermanencia, sin dejar m√°s que sus nombres.

Los pétalos se dispersan, pero los cerezos volverán a dar flor, cuando llegue la próxima primavera.

Sin embargo, ¬Ņcu√°ndo renacer√°n estas personas?

Los camaradas con qui√©nes compusimos poemas de alabanza a la Luna, en las noches de oto√Īo, se han desvanecido, junto con ella, tras las nubes pasajeras. En nuestro coraz√≥n tan s√≥lo quedaron sus mudas im√°genes. La Luna se ha puesto detr√°s de las monta√Īas del poniente, mas el oto√Īo siguiente volveremos a componer poemas bajo su luz..

¬ŅD√≥nde estar√°n, en cambio, los compa√Īeros que han desaparecido?. Nadie puede saberlo…

No o√≠mos acercarse al Tigre de la Muerte, a√ļn cuando ruge.

¬ŅCu√°ntos d√≠as m√°s de gracia les quedan a las ovejas condenadas al sacrificio?.

 

Gosho, febrero l280

 

EROS

Se encontraron en Eros frente al cine después de que retumbó en el cielo el portal del Dragón. Ella tiene en sus manos un sobrecito

de az√ļcar que da vueltas entre los dedos y sus ojos est√°n pegados a las luces de ne√≥n¬†¬† que anuncian Romeo y Julieta, le hab√≠a gustado la escena de la pecera, ese jugar entre los peces y la de la pileta, cuando en el agua Julieta le pregunta: ¬Ņc√≥mo llegaste hasta aqu√≠?, En las alas de mi amor, le responde Romeo.

-Ayer fui al supermercado y las cajeras comentaban que media pel√≠cula la vieron sin sonido_ se apresura adivinando que quiere ir al cine y √©l s√≥lo espera terminar el caf√© para hacerle el amor en alg√ļn camino oscuro. Lo que hago ahora no voy a hacerlo m√°s, -sigue dici√©ndole mientras mire por televisi√≥n el cl√°sico Boca-River- el otro d√≠a saqu√© a un chico de la laguna, muri√≥ de hipotermia.

_Todav√≠a est√°s a tiempo de estudiar _no sabe sobre qu√© hablar, no comparte su amor por la m√ļsica, ni los libros, ni el cine.

Entre ellos pasaban icebergs, pod√≠a contarlos, se alejaban. Y Enamorado la miraba desde lo alto d√≥nde pod√≠a so√Īar y sobre el blanco proyectar sus sue√Īos, hubiese querido que el d√≠a tuviese cuarenta y ocho horas para concretar alguno pero ten√≠a doce y a la mayor√≠a de sus d√≠as se los com√≠a la rutina. Adem√°s con doscientos setenta pesos se sent√≠a atrapado en la ciudad pez, no era un consuelo que el fot√≥grafo del diario cobrara sesenta pesos. Quiz√°s alg√ļn d√≠a sus ojos se encontraran.

Subieron al auto y tomaron por un camino de tierra, la puso nerviosa el patrullero que pasaba a cada rato y no quiso hacerlo, él con el codo apoyado en el volante seguía atento el resultado del partido por la radio. River había ganado.

Lo acarici√≥ su ‚Äúpor lo menos tuviste una alegr√≠a‚ÄĚ, cuando se volvi√≥ hacia ella ya no estaba.

 

LA PALOMA

A la Paloma la cautivó el verde menta y el tiempo instalado en la eternidad, lo percibió desde la ventanilla del colectivo en las ramblas con palmeras centenarias y en las bicicletas recostadas sobre las escalinatas de la iglesia.

Con la plata de la herencia compró una casa frente a las plazas, desde el balcón podía ver la intendencia, la iglesia, el hotel.

Una ma√Īana de sol cruz√≥ y se anot√≥ en los talleres municipales para dar canto, cre√≥ un coro, cantaban para los aniversarios de los pueblitos y las fiestas patrias; para un nueve de julio cantaron New York-New York y hubo qui√©nes llamaron a la radio local protestando. ¬°Le encantaba Liza!, La imitaba pint√°ndose las u√Īas de colores como Sally Bowles en Cabaret.

Comenzaron las inundaciones, durante las giras la ruta era una delgada soga entre los campos bajo el agua, cuando la ruta desaparecía los cruzaban en bote. Ya no hubo presupuesto para cultura, tuvo que decir adiós y comenzó a quedarse en la casa, sola.

Al principio miraba televisión, los miércoles Días de Cine, los jueves Los siete locos, los viernes El libro, los lunes La librería en su casa; después, cuando la ciudad se volvió nublada, permanecía horas en la cama mirando pasar las nubes, algunos celestes salpicando el blanco. Finalmente las nubes lo cubrieron todo, la opaca luz que entraba por la ventana dibujaba en el techo una pileta con agua de luces, y su mirada se perdía días en ese arriba acuoso.

Hasta que una tarde, en la terraza, se encontró en esos ojos amarillos buscando entrar en la casa.

Por el vecindario averigu√≥ que hab√≠a pertenecido a una antigua f√°brica de pastas ahora cerrada. Recordaba haberlos visto al regresar de sus caminatas de domingo, la miraban detr√°s del vidrio de Las Malvinas; eran dos, ella hab√≠a muerto y √©l durante un tiempo se hab√≠a dejado morir, lograron revivirlo con mimos y juegos. En su nueva vida solitaria andaba por toda la manzana, cuando aparec√≠a com√≠an juntos, jugaban durante horas y se anim√≥ a seguirlo en su recorrido por techos y cornisas. Andando caminos de aire sinti√≥ que su casa estaba en ese vaiv√©n del alma d√≥nde se quedaba escuchando el sonido c√°lido de alas y plumas que se le hac√≠a un percusionista ejecutando en peque√Īos corazones.

Un d√≠a, mientras se ba√Īaba y ejercitaba la escala en el ba√Īo de cer√°micas verde mezquita comenz√≥ a llover, el chaparr√≥n y el aletear de las palomas la llamaron hacia las cornisas.

La lluvia peg√°ndole en la cara, el viento haciendo remolinos de hojas y meciendo las palmeras, las palomas sac√°ndose el agua de las plumas, hac√≠an el concierto en la ciudad nublada. Esa m√ļsica le hizo pensar que si se quedaba vivir√≠a muerta, deb√≠a animarse a dar un salto hacia lo alto.

Desde las nubes los techos se transformaron en una pantalla de cine, y hac√≠a a√Īos que no iba al cine, los d√≠as de lluvia le gustaba ver Las alas del deseo, coincid√≠a siempre con Batato Barea, un actor que lo absorbi√≥ la luz. Record√≥ el mon√≥logo de Marion:

 

‚ÄúSer por los colores. ¬°Los colores! Los neones en el cielo del atardecer, los tranv√≠as rojos y amarillos… Nostalgia de una ola de amor que creciese en mi ‚Äú.

 

Vio pel√≠culas disparadas desde un tiempo luz, Stalker, El sacrificio, El espejo, Rumble fish, Blue velvet, anduvo por los pasillos en Marienbad, se perdi√≥ en los pantanos de Down by law, sigui√≥ al pez de Sue√Īos en Arizona por las ciudades.

Muy a lo lejos escuchó la sirena que avanza por las calles en una mancha roja.

 

 

SIRENA DE PAPELES

Despertaba a las seis de una tarde sin sol y sal√≠a despertando baldosas, compraba el Clar√≠n de la ma√Īana ante las risas de los que ya sab√≠an por d√≥nde caminaba el mundo. Cerraba las persianas para que no la vieran buscando un nombre en la hoja de sepelios. Se vest√≠a con un traje de hojas, bajaba las escaleras, cerraba la puerta y se desped√≠a soplando su casa de hojas. Tomaba el colectivo, la hac√≠an bajar por pagar con una hoja, y continuaba patinando por las calles hasta llegar a su fosa, y taparla con las √ļltimas hojas de Clar√≠n de la ma√Īana a las seis de la tarde.

 

 

EL ENAMORADO DE LAS SIRENAS

Cuando a la ciudad se le ocurr√≠a llover pod√≠a estar d√≠as lloviendo, extra√Īa sensaci√≥n de cuerdas de agua ejecutaban el preludio para el clave bien temperado de Bach, le qued√≥ en el o√≠do desde Bagdad caf√©. ¬°Morirse de tristeza!, Aunque fuese a Sud√°frica a visitar a Mandela ,asistiese a Cannes a ver cine de Persia, anduviese por los blancos acantilados de Dover, y otras tantas veces escuchase jazz en Nueva Orleans. Salirse del preludio a andar por la cuerda de sol, podr√≠a pedir trabajo en el cine Cosmos de la calle Corrientes d√≥nde siempre proyectaban cine ruso. Lleg√≥ a pensar que los actores ahorraban su vida en el celuloide como se ahorra dinero en un banco y podr√≠an contar con las horas filmadas para sobornar a la muerte, un Prometeo alimentando a la ficci√≥n era Michel Caine ,¬°cu√°ntas horas tendr√≠a vividas en el celuloide y con cu√°ntas horas contar√≠a para vivir el tiempo extra! Con una pel√≠cula suya dieron una funci√≥n gratuita y regalaron licores de dulce de leche, chocolate, menta, mandarina, naranja; todos se durmieron en las butacas.

La lluvia, esa catarata de aplausos le estaba haciendo una grieta en el pensamiento, aunque la esperaba para ver pasar a la sirena.

 

 

 

 

 

EL BOMBERO

Le llevaría hasta el mediodía limpiar todo, a esa hora ya habría terminado y nadie notaría nada, salvo los pocos que iban a misa, con el día nublado se quedarían en sus casas y la ciudad permanecería desierta.

Volver√≠a a estar en la primera p√°gina del diario, su vida era invisible pero su misi√≥n lo congelaba en el tiempo, le gustaba verse, le parec√≠a que era otro y guardaba los diarios con su colecci√≥n de D¬īArtagnan, El Tony y Fantas√≠a. Era el protagonista del d√≠a a d√≠a del pueblo, los canillitas iban por las calles gritando las noticias, tambi√©n hab√≠a sido canillita, repart√≠a desde las cinco, hora en que las mujeres comienzan a barrer la vereda hasta las ocho en que entraba al colegio.

Se extra√Īa el sonido c√°lido, tendr√≠a que llevar algunas al laboratorio, las dem√°s las quemar√≠a.¬ŅHabr√≠a alguna peste?, O quiz√°s desratizaron las palmeras y murieron ellas. ¬°Comerse las palomas!, Los ni√Īos andaban con hondas caz√°ndolas para la cena, ¬°cu√°ntas veces lo hab√≠a hecho!, Pero ¬Ņc√≥mo pudieron matar tantas?

Estas eran sus tres hipótesis.

Ya había levantado cientos, subió la radio y agarró el periódico que les dejaban gratis en el cuartel,

En primera plana estaba la noticia que había conmovido al país y dos fotos en las que había participado, un auto dado vueltas y caído a una cuneta y un camión que trasportaba hacienda volcado en la ruta.

De la radio sali√≥ la voz del tenor, dej√≥ el diario en el asiento y mir√≥ hacia arriba, la vio como una aparici√≥n entre la niebla, el pelo largo oscuro y la bata azul ondulando en el balc√≥n, la imagen se perdi√≥ por unos segundos y volvi√≥ a aparecer en la terraza, se qued√≥ fijado a ella hasta que termin√≥ el Ave Mar√≠a, sin ning√ļn pensamiento, simplemente mirando.

 

 

INFIERNO

El gato hab√≠a ca√≠do a una peque√Īa terraza y no pod√≠a salir, debi√≥ pasar ah√≠ toda la noche, despu√©s de prepararle la comida encendi√≥ la tele, la muerte de la cantante lo invad√≠a todo, la imagen de un rojo escarlata, se repet√≠a una y otra vez, la camioneta roja, las botas rojas y la sangre desparramada en la ruta en las horas de sagitario.

Buscó en el libro de Goshos, carta a Niike, febrero de 1280.

Ah√≠ estaba el infierno como una horrenda morada de fuego, el infierno del loto rojo sangre se caracterizaba por un fr√≠o intenso que hac√≠a doblar a la persona hasta que la espalda se le part√≠a y la carne sangrienta se abr√≠a como una flor de loto, pero peor a√ļn era el infierno del gran loto sangre, cuando uno ca√≠a en ese estado de nada le serv√≠an la fama y la fortuna.

Suspiró aliviada, el anonimato y su casa de alas la resguardarían de la muerte.

 

 

 

 

EL GENERAL TIGRE DE PIEDRA

Fueron a lo de la Se√Īora Kobaiashi, la casa sencilla estaba habitada por mu√Īecas con kimonos, porcelanas, muebles laqueados, cuadros de Hokkaido y banderines con ideogramas. Aunque las m√°quinas de la tintorer√≠a nunca paraban, desde las baldosas y macetas del patio se respiraba el silencioso perfume de la tierra pura.

La Se√Īora Kobaiashi les sirvi√≥ un t√©, despu√©s de ofrecerle el sake que ellos rechazaron. Y poco a poco fue llev√°ndolos por los rieles del tiempo hacia Jap√≥n de 1278, en una de sus cartas Nichiren Daishonin refiere la historia del general Tigre de Piedra.

Abrió el libro de Goshos (cartas) y leyó:

 

“La madre del general Li Kuang fue devorada por un tigre feroz. El valeroso guerrero acech√≥ a la bestia y la atraves√≥ con una flecha, pero entonces descubri√≥ que lo que hab√≠a visto era s√≥lo una roca. La flecha se hab√≠a clavado en lo profundo de la piedra. Sorprendido trat√≥ de repetir la haza√Īa, pero no pudo perforar la roca por segunda vez. Luego, lleg√≥ a ser conocido como el general Tigre de Piedra‚ÄĚ.

 

Ante la duda que reflejaban las miradas de sus invitados, la anfitriona busc√≥ en el Shi Chi o Registro del Historiador el cap√≠tulo 109, Li Kuang hab√≠a sido un general de la dinast√≠a Han temprana, sirvi√≥ al Emperador Wu y sobresali√≥ en arquer√≠a, falleci√≥ en el a√Īo 119 a. C.

Presurosa tomó el volumen 10 del Konjaku Monogatari (Cuentos de hace tiempo), dónde figura la historia de su venganza contra el tigre que asesinó a su madre.

Cerró y apiló los libros advirtiéndoles que en otras versiones el que murió así fue su padre.

El Se√Īor Kobaiashi hab√≠a interrumpido su actividad, los salud√≥ y se dirigi√≥ hacia las macetas, pos√≥ su mirada una y otra vez sobre las plantas, ella se levant√≥ y lo acompa√Ī√≥ en su rito mariposa sin pronunciar una palabra.

√Čl regres√≥ a su trabajo y ella a explicarles el ichinen zanzen, tres mil mundos en un instante de la vida.

Debían desarrollar ese ichinen (decisión) que como una flecha atravesara el pasado, el presente y el futuro y les permitiera instalarse en la eternidad.

Los acompa√Ī√≥ por el zagu√°n hacia la puerta y los vio alejarse como dos plumas azules y leves en el atardecer de la Avenida Alsina.

 

 

LAS BABAS DEL DIABLO

-Hoy es el día del diablo.

-Sabés que no creo en esas cosas.

-Alg√ļn d√≠a vas a necesitar creer en Dios, ¬°acordate! El veinticuatro de agosto en el campo nadie sal√≠a porque dec√≠an que el diablo andaba suelto.

Quiso preguntarle si sabía cocinar pero estaba seguro que pasaba días sin comer reflexionando acerca de lo místico de la vida, en cambio él se levantaba pensando qué iba a comer ese día, le daba energía para comenzarlo.

-Lo que más me gusta son los canelones a la Rossini, me mantengo delgado porque salgo a andar en bicicleta. Me gustaría tener una familia mis amigos ya están casados. A veces pienso que voy a salvar a alguien y me va a dar un trabajo, aunque el sueldo no fuera mucho. Los culpables son los gobernantes, hay que frenarlos de alguna forma.

-Mis sufrimientos no tienen culpables, cada uno es due√Īo de su destino.

-Mi mam√° cocina para un supermercado y sale por la tele dando recetas, mi pap√° se lo pasa en el centro de jubilados jugando a las cartas. Una vez al mes con mi hermano vamos a la bas√≠lica de Luj√°n a pedir por trabajo, esta vez no fui para acompa√Īarte pero voy a ir hasta la virgen del camino que est√° m√°s cerca.

No se atrevi√≥ a decirle que al igual que Julio cre√≠a que ‚Äúlos hilos de la virgen se llaman tambi√©n babas del diablo‚ÄĚ y se acord√≥ de la multitud en la bas√≠lica cuando ten√≠a cuatro a√Īos, el olor a velas y a traspiraci√≥n la hicieron vomitar. Dos a√Īos despu√©s la mandaron a un colegio cat√≥lico donde hab√≠a una capilla con estatuas sufrientes, le qued√≥ grabado en la retina ese dolor mudo en la oscuridad. Desde entonces hab√≠a deseado el amarillo y los rostros felices deb√≠a agarrarse a √©l como a una soga para no convertirse en laguna.

Le extra√Ī√≥ que no le mencionara lo de las palomas aunque ni el diario ni por la radio comentaron el hecho, tendr√≠a que preguntarle al veterinario sobre el resultado de los an√°lisis.

Eros los envolvi√≥ en un abrazo c√°lido y los perdi√≥ por alg√ļn camino.

 

 

DESAPARECIDO

La invadió una tristeza profunda. El gato desapareció. Venía a su memoria una y otra vez subiendo las escaleras con gracia y elegancia, le daba belleza a la casa, le había parecido que mientras estuvieran juntos podrían atravesar el mar de sufrimientos. Cuando lo conoció quiso ponerle Orson luego Florencio por Julio pero desistió pensando que ya tendría un nombre.

Sali√≥ a buscarlo por el vecindario, todos lo quer√≠an, hasta la se√Īora a la que le hab√≠a matado la paloma. La tranquiliz√≥ su ‚Äúseguramente se fue tras una gata, ya va a aparecer‚ÄĚ. En el almac√©n una joven le cont√≥ que tambi√©n hab√≠a desaparecido su gato y el de su hermana que viv√≠a a la vuelta. Escucho que dos mujeres dec√≠an ‚Äúanda mucha gente con hambre‚ÄĚ y le vino la imagen de los que revolv√≠an la basura, en su espantosa miseria estaban rodeados de animales vagabundos con quienes compart√≠an su comida.

Ya no compraría pan para ella Pro Plan para el gato como decía la canción.

 

 

LA BURBUJA HOGAR

Busc√≥ el tel√©fono en la gu√≠a y la invit√≥ a cenar el s√°bado. En la puerta le present√≥ al abuelo que la esperaba ansioso por contarle su historia, en la cocina la madre hac√≠a lasa√Īas rellenas, se sentaron a una peque√Īa mesa redonda, tambi√©n estaba el hermano simpatizante de Boca Juniors.

Hab√≠a llegado de Italia siendo un ni√Īo, aqu√≠ su padre era bombero y lo ayudaba atando los caballos a las autobombas, en esa √©poca no exist√≠an las sirenas, tiraban al aire tres granadas con mortero si era un incendio, dos si era una inundaci√≥n y una si era un auxilio. Para construir el cuartel sal√≠an los domingos a pedir ladrillos y durante la semana despu√©s del trabajo hac√≠an de alba√Īiles, durante a√Īos para mantenerlo organizaron bailes y quermeses, ahora vend√≠an una rifa.

Viudo hac√≠a algunos a√Īos hab√≠a tenido cuatro hijas, las dos mayores viv√≠an detr√°s del parque y eran modistas desde que Evita les hab√≠a regalado una Singer, siempre les hab√≠a ido bien y ayudaban econ√≥micamente a los sobrinos.

La voz de la madre como una ola lleg√≥ a su o√≠do izquierdo ‚Äúen la √©poca de Per√≥n hasta las sirvientas andaban de tapado de piel‚ÄĚ. De la alacena sac√≥ las revistas AS√ć entre platos y bandejas las escond√≠a desde el setenta y seis, y las puso sobre la mesa para mostrarle a una evita en sepia vestida como la cenicienta junto al general y como una mu√Īeca de cera, durmiendo el sue√Īo eterno, en la noche m√°s funesta.

Otra ola con la voz de √©l a su o√≠do derecho ‚Äúen el Hospital Alem√°n operaron a Emilie Schindler y el plantel de River la pag√≥ la pr√≥tesis‚ÄĚ, discut√≠a con el hermano sobre f√ļtbol.

Su otra hija viv√≠a en Dock Sur, ella y el marido tambi√©n eran voluntarios, un veintiocho de junio, d√≠a del bombero, fueron todos para all√°, estaban preparando una gran fiesta cuando sintieron una gran explosi√≥n, luego una segunda, corr√≠a el a√Īo ochenta y cuatro.

El calorcito del horno se había expandido por toda la casa, saboreó las lasagnas blandas y tibias y disfrutó de la mesa familiar.

El barco petrolero Perito Moreno flotaba sobre doscientos metros de fuego, ¡once días tardó en arder!, colaboraron bomberos de veintitrés cuarteles, y ellos le preparaban la comida y le secaban la ropa.

Se abstrajo durante unos segundos… necesitaba tener una pasi√≥n como ellos ten√≠an por el f√ļtbol, el voluntariado, la comida, un fuego que no se apagara con agua.

El abuelo venía con la revista de Clarín a leerle un informe, eran cincuenta mil los bomberos voluntarios en Argentina, durante un tiempo cada cuartel recibía ocho mil pesos pero un veto de Menem suspendió la ayuda. Ya no había gobierno municipal, provincial y nacional que los ayudara, solamente contaban con la buena voluntad de la gente. Parece que Holanda o Estados Unidos iban a donar para comprar un predio donde construir una Academia Nacional que tuviera laboratorios, aulas y oficinas.

No pod√≠a escuchar m√°s y se puso los caracoles en las orejas, sent√≠a frases lejanas, voces que se perd√≠an en el mar…

Le√≠a Noche de Reyes, su √ļnica compa√Ī√≠a era Margarita en el v√©rtice de la ventana, ya no se escond√≠a, sab√≠a que la quer√≠a y no iba a matarla, despu√©s de todo, las √ļnicas venenosas eran las de los cuadros. O quiz√°s fuera la bisnieta de Margarita, ya hac√≠a meses que la acompa√Īaba, ¬Ņcu√°ntos d√≠as mas de vida le quedar√≠an a su √ļnico familiar?

Sheakespeare enamorado salva a una mujer del naufragio dándole un espíritu mas fuerte que el abrazo del mar, un alma que nunca envejecerá ni morirá, haciéndola una heroína para siempre en una vasta costa vacía.

La marea del preludio trajo a su memoria una pel√≠cula de su ni√Īez, el c√≥mico deb√≠a pasar una habitaci√≥n de ba√Īeras blancas infectadas de cocodrilos y sus pies rozaban las bocas enormes; tem√≠a los dinosaurios que fueran a aparecer desde alguna dimensi√≥n del espacio y del tiempo y ponerse a su lado. De la marea de miedo a la del sue√Īo de la laguna de reflejos azules d√≥nde se imaginaba una y otra vez como un pescador pescando papelitos que eran los sue√Īos de los que so√Īaban. Nunca en domingo pod√≠a ir a pescar, la matin√©e para los ni√Īos comenzaba a las catorce y la trasnoche condicionada terminaba a las dos.

El padre lleg√≥ a la medianoche para contar el d√≠a que se le pas√≥ sin darse cuenta. A√ļn era soltero cuando su familia viaj√≥ a Luj√°n para la procesi√≥n del ocho de diciembre y √©l durmi√≥ todo un d√≠a. Cuando despert√≥ no hab√≠a un alma en el pueblo, por ah√≠ vio a Machimbre.

  • ¬°Eh!, ¬Ņqu√© d√≠a es hoy?
  • Lunes
  • ¬ŅC√≥mo no hay nadie?
  • ¬ŅNo te enteraste?
  • ¬ŅQu√© pas√≥?
  • Se cay√≥ el avi√≥n.

Lo llevó donde estaban todos viendo cómo los familiares llegaban de la gran ciudad y los reconocían por las cadenitas, era entra las estancias Las Mercedes y La Florida, ahí se filmó una película con Tita Merello, Los caranchos de La Florida.

Había sido un día de tormenta terrible y el avión sobrevoló dos veces la ciudad, creen que lo partió un rayo, eran todas parejas jóvenes que viajaban de luna de miel a Bariloche, se habían casado el sábado, había católicos, judíos y de otras religiones.

Llevaban muchas cosas de valor y por radio nacional dijeron que se hab√≠an robado todo, la gente se llev√≥ pedacitos de avi√≥n de recuerdo, lo que qued√≥ fue a parar a la comisar√≠a; a ellos los pusieron en cajones f√ļnebres y los mandaron en tren, todo el pueblo fue a despedirlos, fue durante la primer presidencia de Per√≥n y todav√≠a no hab√≠a colectivos.

Con el fotógrafo del diario compraron dos chuletas para la cena, no pudo dormir en toda la noche, todavía sentía el olor a carne quemada.

La acompa√Ī√≥ caminado a su casa, la burbuja hogar se diluy√≥ en las calles, a diferencia de ellos, como Marion ella era ‚Äúalguien sin or√≠genes, sin historia, sin pa√≠s; y me gusta as√≠. Aqu√≠ estoy, libre. Puedo imagin√°rmelo todo. Todo es posible‚ÄĚ.

 

BICICLETA

Le hab√≠a tocado un domingo libre, despu√©s de comer agarr√≥ la bicicleta y tom√≥ por la ruta que llevaba a la virgen. A la hora de la siesta los chicos jugaban f√ļtbol en los bald√≠os; pas√≥ el frigor√≠fico, el laboratorio de an√°lisis veterinario, le pareci√≥ que alguien tocaba el saxof√≥n en la sala de necropsia, de vuelta pasar√≠a por el resultado; el flamante barrio obrero con sus casas altas y las mujeres cociendo en la vereda.

Le volvi√≥ un domingo de su infancia, cuando su pap√° lo llevaba junto a sus primos al campo de Avelino, jugaban entre las ca√Īas de az√ļcar a ser guerrilleros que peleaban junto al Che en la selva boliviana y andaban silenciosos para que no los descubrieran.

A medida que pedaleaba sent√≠a que su pecho se ensanchaba de recuerdos, le sacaban los chanchitos a la chancha y √©sta los corr√≠a, tomaban la merienda, un rico mate cocido en bombilla con masitas caseras que ten√≠an forma de flor y dulce de membrillo en el medio. El broche de oro era cabalgar en el petiso, a √©l le tocaba √ļltimo y sal√≠a cabalgando hacia el horizonte, quer√≠a alcanzar el sol, pero cuando se iba acercando el sol se alejaba.

Volvi√≥ la mirada del recuerdo hacia la laguna del cura, le hab√≠an dado ese nombre porque se hab√≠a ahogado un sacerdote antes de que √©l naciera. Se detuvo, hab√≠a un bote dado vuelta y escuch√≥ voces, deb√≠a salvarlos, dej√≥ la bicicleta en la orilla y se intern√≥ en el agua. En el fondo todo estaba muy oscuro, no vio nada s√≥lo sinti√≥ el agua que cantaba para √©l. El ni√Īo sigui√≥ cabalgando hacia el horizonte y alcanz√≥ a ver al arquero que entre las nubes dispar√≥ una flecha de luz. Sali√≥ a la superficie y respir√≥ el olor a eucalipto, se agarr√≥ al bote e intent√≥ subir, hab√≠a resuelto el enigma y deb√≠a llegar hacia el celeste de la virgen.

 

 

FINAL

Escuch√≥ el grito sirena y sinti√≥ la presencia de √©l en alguna parte, una energ√≠a infinita desde el centro del universo corri√≥ el tel√≥n de nubes negras; volvieron las palomas a revolotear en el balc√≥n, el canto de los p√°jaros y el gato regres√≥ a sus rincones con el sol de la felicidad. En ese nirvana verde pens√≥ que lo mejor era volver a esa esquina por Mendoza antes de llegar a Donado d√≥nde pod√≠a ver los tres √°rboles proyectar su sombra sobre el oro de los tigres a la hora de la siesta. Y volver√≠a a sentarse frente a la Olimpia amarilla a√ļn a costa de sacrificar la alegr√≠a.

Llegó cuando todos ya habían subido, en la terminal sonaba Filosofía barata y zapatos de gomas, compró por primera vez el periódico local, quería llevarse un recuerdo de él y en la primera página los bomberos sacaban a un joven de la laguna, un bote y una bicicleta completaban la foto borrosa.

A mediodía no viajaba mucha gente, eligió asiento y guardó en el bolso el diario que nunca leería.

Nuevamente Marion:

‚ÄúBasta que alce la mirada y vuelvo a hacer el mundo. Ahora, en¬†¬† este sitio, un sentimiento de felicidad que podr√≠a tener siempre‚ÄĚ.

 

Abrió el libro de Goshos y leyó La ofrenda de un hitoe.

‚ÄúEn esta existencia, su sincera ofrenda constituye una oraci√≥n, por el logro de cada uno de sus deseos y, a la vez, un tesoro. Cuando ustedes fallezcan, dicha ofrenda ser√° la Luna y el Sol; ser√° un camino, un puente, un padre y una madre, un caballo o un buey, un palanqu√≠n, un carruaje; ser√° una flor de loto, una monta√Īa y los conducir√° a la pura tierra del Pico del √Āguila‚ÄĚ.

 

Trat√≥ de retener la √ļltima imagen de la ciudad, un film de agua y luz se evaporaba por el Aira sobre la cuerda de Sol de Sebastian Bach.

Lo interrumpieron los sonidos desde la platea, seguramente la película había quedado sin sonido, enredado en celuloide ya no podría continuar recorriendo el mundo.

Era hora de partir junto a los dem√°s por esa luz ¬†que seg√ļn Olga Orozco tambi√©n¬†es un abismo.

 

 

 

El Arquero y las nubes es el nombre de una narración breve que Julio Cortázar escribe en su juventud, así lo cita en sus cartas. Nunca apareció porque quizás la destruyó como hizo con algunas de sus novelas.

En El joven Cort√°zar, ediciones del Saber, p√°gina 58.

 

 

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